martes, 21 de febrero de 2017

La familia, la propiedad privada y el Estado.




Esto es serio y no debe ser una broma, un carnaval o una fiesta. El semblante de la lucha debe ser siempre serio. La razón no adolece de soberbia sino que se sobra de justicia. 

Matan casi a diario a una mujer solo por el hecho ser mujer en España. Las mujeres trabajadoras no encuentran lugar en los sindicatos y tienen que luchar solas. Las mujeres migrantes son abusadas para que las ricas podamos ser "feministas" y los proxenetas puedan argumentar eso de la “libre elección”. No hay ninguna fiesta, no se trata de disfraces, no se trata de orgías, de condones de colores… Se trata de que la situación cada vez es peor y andamos jugando a los anglo-términos pedantes y a los másters académicos que secuestran la lucha para convertirla en una vacía y sofisticada charla de salón sobre identidades del individuo. Nadie se autorrealiza sin seguridad, sin alimento, sin capacidad de movimiento, en soledad. Nadie puede luchar entre tanto ruido y combatir a nuestro sistema dominante que con su única y potente voz lo ocupa y formula todo.

 Y cuándo perdemos batallas, y cuándo se acusa a una mujer de violencia machista nos sorprende, nos indigna, queremos llorar todas las lágrimas que estuvieron escondidas mientras estábamos en la fiesta de los sombreros púrpuras. Pero no estamos dando batalla, estamos aceptando cada día todo lo que ocurre y ocultándonos en nuestros sectarios grupos poliamorosos ilustrados. Normal que nos venzan una y otra vez. No falta amor ni risas, ni amantes. Falta lucha y combate. Faltamos nosotras, faltan ellos, falta todo el que sepa que la razón no adolece de soberbia sino que hace florecer la justicia. 

Falta explicar a qué responde el patriarcado, su origen económico, su evolución. Falta explicar cómo se desarrolla culturalmente, qué es el machismo, qué directamente la misoginia. O quizás no falte y sólo haga falta recordar. Falta hablar de las relaciones de pareja, del amor romántico y combatir todo lo tóxico de su propiedad sin caer en el falso mito de que esto nos afecta por igual a todos o de qué todo es una cuestión de cantidad, de sexo, de estigmas puritanos… No, nuestro amor se construye del mismo modo que nuestro sistema económico y que nuestra cultura. No nace del deseo sino de la necesidad de su tiempo. Y no se desarrolla de forma aislada sino dentro de una estructura, de un sistema. 

 Esto es serio, la lucha es seria. No son caravanas con música estridente jugando a celebrar lo que es obvio que aún no se ha conseguido. 
Y nuestros fiscales acusan a una mujer de violencia machista… y estaba celosa e histérica y dañó los bienes materiales de su hombre: La familia, la propiedad privada y el Estado… ya lo dijo Engels. 

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