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lunes, 5 de septiembre de 2016

La que no debe ser nombrada.


Eran las cinco de la mañana y el calor no le dejaba dormir, se dio la vuelta por enésima vez y allí estaba con sus antenas enormes trepando por la pared de la habitación. Bajaba desde la ventana lo que le hacía sospechar que podría ser voladora, ¿cómo si no habría podido subir al primer piso? Entró en un pánico sosegado, una casa adosada te hace padecer estados de histeria de forma contenida y educada, más si son las cinco de la mañana y pared con pared se encuentran dos gemelos (de sueño ligero y buenos pulmones) de tres años. Era imprescindible no despertarles. Se acercó a la cómoda que se encontraba bajo aquel insecto y cogió el pijama, le gustaba dormir desnuda, pero imaginar que aquello podía volar y posarse en su cuerpo desnudo le hacía temer por el mantenimiento de ese estado contenido de histeria. Así que superó sus miedos y se acercó a ella aunque fuese por una milésima de segundo. Tenía que pensar, aquello era más asqueroso pero ella era más inteligente, había que trazar un plan teniendo en cuenta el poder de cada uno. Salió en busca de una escoba, un spray anti-insectos, un bote de lejía y un zapato, sin saber muy bien que pretendía hacer con ello. Esas eran las armas con las que procedería pero aún no tenía un plan. 

Cuando volvió con sus herramientas aquello ya no estaba allí, se asustó, nada es más terrible que perderla de vista, pero inmediatamente descubrió que se encontraba ahora posada en la siguiente pared, ¿cómo se había trasladado tan rápido de una pared a otra? Ya era evidente que volaba y ella cada vez se sentía más y más impotente. Desde el pasillo esperaba a que todo se solucionase solo, aún sabiendo que eso no iba a ocurrir, que por mucho que lo desees sólo podría “solucionarse solo” si la perdía de vista y la psicosis derivada de ello sería mucho peor que enfrentarla. Volvió a asomarse, hacia cosas extrañas, llevaba un rato dando vueltas sobre sí misma, como si no supiese si seguir hacia adelante o volver por dónde había venido. Con tanta vuelta se ve que perdió equilibrio y cayó… Aunque ella no se quedó a verlo y salió disparada y en silencio hacia el pasillo. Tomó aire y decidió volver a entrar y cuál fue su sorpresa al descubrir que estaba en el tercer muro de una habitación cuadrada, justo a su espalda durante unos segundos, frente por frente a la ventana por la que entró y ya al lado de la puerta que daba al pasillo refugio. Estaba muy cerca, podía darle con la escoba desde el pasillo, pero apareció un nuevo temor, la cercanía del hueco de la escalera con la puerta del dormitorio. ¿Y si fallaba el golpe, salía a volar y ella nerviosa caía por las escaleras? Ese plan tenía lagunas, debía acertar con el golpe y a la primera, y no sabía si daría el resultado esperado o tendría consecuencias dramáticas. 
Entonces lo pensó, debía bajarla al suelo, desde ahí les resulta más difícil volar, debía entonces evitar que se pudiese esconder, definitivamente debía conseguir que cayera en el suelo del pasillo donde no hay muebles. Cerró todas las puertas de los demás dormitorios y cogió el spray rociándola con sutileza, evitando hacer ruido. Al principio ni se movió, insistió y acabó cayendo al suelo y como tenía previsto corrió despavorida hacia el pasillo, allí la esperaba ella que de un pisotón fusionó en un instante el miedo y el asco notando su gelatinoso cuerpo bajo la suela débil de su zapatilla. Cogió el otro zapato y la remató, por caridad, ya que no podía evitar sentir lástima de su agonía, de la incapacidad de su asco para dar un golpe fuerte y efectivo que le había dejado intentando sobreponerse sobre las dos patas delanteras. De pronto se había dado cuenta que la que no debía ser nombrada era un ser vivo, un ser vivo que dudó porqué camino tirar, un ser vivo que se equivocó claramente. ¡Qué asquerosa victoria! Y ahora a dormir…

viernes, 7 de agosto de 2015

Sumas




Antes de llegar al 28 debo cruzar la esquina, mirar entre los edificios y ver qué dejé a mi paso. Antes de llegar al 28 debo mirar dentro de mí, ver lo que está roto y rellenar los huecos de dorado para que jamás se me olviden esas cicatrices, para poder verlas en la noche y saber que fue y que ya no es más que un recuerdo. Debo ver también lo que está fecundado, lo que pronto dará frutos y quedar en paz sabiendo que todo marcha como debe. Antes de llegar al 28 debo mirar a mi alrededor, ver los edificios y mirar a sus ventanas, inventar qué vidas están en juego corriendo paralelas mientras yo camino hacia adelante. Pero sobre todo no debo olvidar que es un invento y que yo sólo controlo (y a medias) mi camino recorrido y lo que tenga que llegar. Antes de llegar al 28 debía escribir unas letras porque cada nueva etapa merece su propio prólogo. 

 Antes de dejar el 27 escribiré un epílogo y recordaré unas risas, pocas lágrimas, algún viaje… Recodaré a personas que me acompañaron, me miraré frente al espejo y comprobaré como va quedando marcada mi cara, como escribo un poema metafísico en cada uno de mis rasgos. ¿Qué me cuentan? ¿Qué pretenden contar al mundo? Antes de dejar el 27 debo recordar que no soy estrella del rock, qué aún no aprendí a tocar la guitarra, que quizás este número no tiene simbología para mí. O quizás que todos andamos reinterpretando los mitos cada día y que yo no iba a ser excepción. Como cada año sigo por esta calle repleta de números donde las distancias no se miden en manzanas, donde las distancias no se miden, donde las distancias sólo son. Buscando explicaciones, emociones…Sumándome.

Ya casi llego al 28 y con curiosidad espero para poder ver qué nuevas historias tiene para crearme. 

viernes, 5 de junio de 2015

En carne viva.




Cómo iban desnudos y no tenían posesiones la mudanza fue rápida. Al salir del paraíso se descubrieron desnudos y sin posesiones…Desde entonces las mudanzas son lentas porque cubrir las necesidades adquiridas supone también aumentar la carga en el viaje. 

Durante dos años había estado sin residencia estable, o mejor dicho, sin residencia apacible. Había tenido que decidir qué cosas dejaba en cajas y qué otras se llevaría consigo a dar vueltas por el mundo. Hacía no poco tiempo que se había convencido a sí misma de que tenía que liberarse de posesiones… Ahora que esas posesiones no podían acompañarle sentía cierta tristeza, no obstante, sabía que llevaba mucho ganado: ella ya se había convencido a sí misma de que esa liberación era necesaria. Y lo que era más importante aún, sabía que era posible. Había aprendido a elegir entre todo aquello que nos enseñaron que era imprescindible. Es en ese momento cuando se ven las cosas como realmente son y descubres que hay objetos que son importantes y que esos son casi más necesarios que los objetos urgentes. Como con lo material ocurre con todo lo demás… Vivir tan obsesionado con lo urgente te impide centrar tus esfuerzos en descubrir qué es lo importante. 

 No quería recordar cuando cayó por la cascada, a veces, no quería ni siquiera recordar cuándo supo como trepar por la cascada como si fuese un elemento sólido. Antes esa imagen le ayudaba, se sentía fuerte, al fin y al cabo había conseguido hacer lo que nadie había hecho nunca, tenía su propia heroicidad. Claro, que toda heroicidad conlleva una situación previa de peligro que probablemente se podría haber evitado. Y llegados a ese punto no podía sentir mucho orgullo de haber caído torpemente por una cascada tan terriblemente fea y poco atrayente. Al subir por la cascada sabía que no había terminado su odisea, sabía que aún quedaban muchas cosas por hacer, y que quizás tendría que esperar un tiempo para encontrarse con el príncipe oriental en el palacio verde. A veces es tan sumamente complicada la vida de una heroína que nunca sabe cuándo tendrá lugar ese ansiado encuentro. Sin embargo, siempre que podía, que podían ambos (el príncipe también era un ser ocupado) se veían con nocturnidad o a escondidas lejos del palacio... Aún no era el momento. Ahora era el tiempo de los momentos. Así en plural y en el espacio no concreto.

Y mientras tanto, muchos seguirán confundidos, pensando que la heroína es una droga y no la protagonista de un gran relato. 

lunes, 21 de julio de 2014

Aquel día y todos los demás.



Yo he hecho danzar a la luna, creciente, decreciente y mentirosa. Mi necesidad la vuelve grande, pequeña, brillante. Cambiante y bailarina. Llena y nueva. Cada noche cuando salgo con ninguna que siempre es la mejor gala, no logro saber si me siento igual y en comunión o soy  el cordero de un sacrificio. Mi necesidad, la búsqueda de lo puro, de lo elevado…hace bailar a la luna tantas veces que con eso parecía que tenía suficiente.

Hasta aquel día…y lo contaré como pasó:

Un día yo fui la luna, creciente, decreciente y mentirosa. Me convertí en ella y puse mi mejor cara. Desnuda ante todas las estrellas como reina indiscutible del firmamento. Los terrícolas se volvían locos por mí, me admiraban desde abajo…Pero yo…sólo buscaba a selenitas de los que viven en las nubes. Y esos siempre se esconden muy bien. Y sólo vienen de vez en cuando, cuando ellos quieren, sin invocaciones pero con rituales.

Desde entonces sólo quiero volver a ser luna y hacerle bailar desde dentro. Sin invocaciones, como ritual. 


miércoles, 2 de julio de 2014

Oxibelis Fulgidus en la RAE.


Hay un reptil no venenoso y que nocturno habita en mis zonas húmedas y bajas. Despavesa, sin pulmones, mi cueva cerrada y cenicienta, de cal gris, de ceniza y canto, para encorar mi epidermis con su cuero. La bejuquilla, silvestre o selvática, es serpiente que nace y desemboca, con la indecisión amable de un amante, en ríos y cataratas por las piernas. Su piel fría que te abraza, abrasa los volcanes ya dormidos para llenar la montaña con su magma. Y si te penetra de noche, en madrugada, te devuelve del sueño al inconsciente, a la tierra, a la carne y a la nada. 



jueves, 22 de septiembre de 2011

El libro.

Cuando tuvo aquel libro viejo de la biblioteca entre sus manos no pudo evitar sentir dos cosas. Por un lado imaginar por cuantas manos habría pasado ese ejemplar que traía su precio en pesetas. Por otro pensó en la necesidad de arte, pidiendo libros prestados como el que carece de alimentos y no puede costearlos. Afortunadamente, aquel libro había pasado por muchas manos.

El color amarillento de sus hojas le otorgaba la belleza y el encanto de lo vivido. Aquello que sólo los años dan, que sólo la vejez tiene.  Acaraciaba sus hojas con cuidado, con temor, con respeto a la fragilidad de su belleza.

Una vez más sintió esa emoción que le embargó al abrir el libro: lo que recorre, lo universal, lo que viaja...la comunión de lectores anónimos. Aquel libro que había viajado en el tiempo y el espacio para transmitir su mensaje.

Estas son cosas que sólo se pueden explicar a través del mundo de los sueños.

lunes, 18 de abril de 2011

Alina erótica.


Muerta de deseo, muerta de su cuerpo, de sus instintos. Alina ama a los hombres...¿a todos?
Sí, a todos. Su deseo era ardiente y le provocaba fiebres...le enajenaba...Deseaba abrazarse a una espalda, clavarse en unos huesos desnudos, descubrir el sexo masculino levantándose a su paso...haciendo reverencias. Alina es una diosa...y os ama, os ama a todos y desea compartir ese amor. Necesita acariciar la forma de tu cara, perderse entre tu cuello, arrancar tu oreja con sus dientes...besarte y perderse en la gruta húmeda de tu boca. Alina quiere jugar... ¿con todos? Sí, con todos. Alina es generosa. Alina quiere bailar esta noche, Alina quiere jugar esta mañana, Alina quiere, Alina desea...¿quién será el valiente que se atreva a entrar en los sueños de Alina?...

viernes, 7 de enero de 2011

Círculos.




Las lágrimas recorrían su rostro como un río salado que no desemboca en ningún mar. Lloraba la incomprensión, lloraba la intolerancia, lamentaba sus propios deseos, sus fascismos.

Hacía tiempo había dejado de entender, ya sólo se movía por inercia en un mundo que le era ajeno. Juró entre litros de alcohol que no volvería a tener miedo, que rompería las cadenas del temor, que se alzaría fuerte. Quemaría con sus palabras, pero no haría cenizas, sólo daría calor.

Calor, ese que todos necesitamos, ese tan amado en tiempos de frío. Veía todo como una película donde no sabía distinguir el malo. Una película de suspense. Un misterio.
No sabía rebelarse contra aquello que le atormentaba porque no sabía revelar su secreto. Sonreía su estupidez en cada vano intento y saltaba con las canciones de amor.

Amor, eso es lo que necesitaba, eso es lo que necesitamos todos. El amor en su sentido más amplio. Menos romántico, más realista. Amor, amor.

Salió a caminar, y caminando, se dió cuenta de que no pretendía llegar a ningún sitio. Sintió que andaba en círculos y decidió no parar. Quiso descubrir cuanto tardaría en volverse loco, en perderse del todo. No quería encontrar esos caminos que tantas veces le enseñaron, que tantas veces le indicaron. Un giro a la izquierda y estaría perdido del todo, pensó. Y entonces rió, a carcajadas, como el loco que ya era. Y continúo hacía allí. Sin miedo. Parecía elevarse y notó el aire fuerte sobre las pequeñas alas en las que poco a poco se habían convertido sus brazos, esos que antes parecían inútiles y ahora le permitían volar.

Volar y posarse en los tejados de la ciudad gris. Y ver a sus gentes caminar sus caminos. A los niños ir a la escuela. A los mayores acudir al trabajo. Todos obedientes. Y los observaba con tristeza. Tan solos, tan muñecos.

Sólo un par de horas después decidió volver, mezclarse, intentar cambiarlo todo desde dentro.
Nunca se supo si lo consiguió. Nunca se supo nada del hombre que un día voló para posarse en una antena oxidada y ver el mundo con perspectiva.


sábado, 13 de noviembre de 2010

Masturbación.


¿Qué haces cuando quieres llorar y no puedes? Escribir...Sabía que dirías eso. Impotencia emocional, presión cerebral, taquicardias...el diagnóstico no es amor...Empieza a convertirse en una adivinanza. Qué sencillo, escribir cuando lloras y amas. Qué sencillo en el desamor...qué sencilla la angustia ¿Te estás lamentando? Tú, que todo lo tienes...Me estoy lamentando por no saber lo que tengo...Me lamento porque todo el mundo tiene derecho a quejarse...Eso es falso pobre niña rica...No es dinero, no es lo único...Puedo llorar y lamentarme por infinidad de cosas...Es falso, no puedes llorar, se secaron tus lágrimas...No. Volverán, sé que lo harán...¿Y dejarás de agobiarme? Empezaba a gustarme...entonces no lo haré...no quiero molestar...no molestas...me gustas...te entiendo...no digas tonterías...quiero besarte...no puedes hacerlo...tú y yo no existimos...Tú y yo somos la misma cosa...¿existimos?. Te odio...y yo a tí...pero...¿existimos?...No voy a entrar en el juego...nunca es necesario... Te amo...pero no me tienes...ni tú a mí...Te deseo...porque no me tienes...estoy sola...estás conmigo...perdiendo el tiempo...no seas grosera...¿amando?...puede ser...Quiero hacer el amor contigo...¿cuándo?...ahora...no puede ser...esperaré...espera mucho, ten paciencia...te amaré siempre...me dejarás sola...te necesito...eso es falso...sólo quiero un beso...¿en la mejilla?...puede ser...no podemos, no compartimos espacio y tiempo...compartimos lo que queremos...¿por qué?...porque sólo existo en tu mente.

domingo, 22 de agosto de 2010

Somatización.


Sentía que se iba a volver loca de amor. El nerviosismo atravesaba su cuerpo como una aguja punzante y en ese momento sintió que amaba. Hacía noches que no dormía, sólo pensaba, imaginaba, leía y veía las páginas como si contaran su historia. Aunque no tuvieran nada en común.

Tenía trabajo por hacer pero no se concentraba, sólo amaba y su amor le daba miedo y el teléfono no sonaba. Quería llamar pero de la misma forma deseaba no hacerlo. Quería ser amada y no se daba cuenta de que ahora era distinto, porque ahora ella amaba.

No se enamoró de la belleza, ni de la conversación, ni necesitó un momento mágico para abrir su cuerpo a las experiencias empíricas del amor. Ahora no existían argumentos, era el corazón quien hablaba, y aunque fuera razonable no pretendía sacar razones. Esta vez no necesitaba justificaciones, esta vez no lo hablaba con nadie buscando convencerles de que era el amor de su vida. Todo era impulsivo y nervioso. Su mente aunaba éxtasis y miedo y su corazón palpitaba como nunca antes lo hizo. Temió que le diera un infarto.

Todo había sido fácil, eso pensó, pero no, todo era difícil. Su corazón no podía resistir un minuto más amar así, con esa locura, con ese nervio.

Pensó en que debía contarlo todo, pero sólo a él. Pero le daba miedo. No quería asustar con su locura de romántica postmoderna. No quería enamorarse de alguien como ella, a quien nunca jamás iba a poseer en su totalidad. Mas el deseo que le provocaba lo imposible hacía arder aún más su corazón, debilitado de tanto amar.

Según la autopsia: murió de amor una tarde calurosa de Agosto.

martes, 17 de agosto de 2010

RUINAS



(Fotografías del húngaro André Kertész)



Llevaba varios días soñando con ruinas. Había leído un artículo sobre las ciudades devastadas, envenenadas, sobre Pripyat , Pompeya...sobre la ceniza. Sus ruinas pueden llegar a compartir mucho con un desastre nuclear, con un volcán.
Se imaginaba a sí misma huyendo por las silenciosas calles que nos quedan cuando el tiempo funde la eternidad con el momento. Nunca soñó a color, sus ruinas eran en blanco y negro... Y su voz gritaba sorda.
¿De que huía? ¿Acaso el Vesubio había entrado en erupción? ¿Quizás había estallado la planta?
Ella no lo sabía, y en su mundo onírico corría sin cansancio, sin piernas, sin brazos, etérea, difusa...huía del presente eterno, del purgatorio de la ruina.
Sólo oía la energía que le susurraba gritos de desesperación y muerte.
Cada noche antes de dormir intentaba imaginarse en lugares hermosos, llenos de flores de colores, cargados de música, rodeada de gente. Pero las imágenes de la barbarie volvían una y otra vez. Aquella noche soñó con la guerra, con la soledad tras la batalla en el campo, pero sobretodo con las calles derruidas de la ciudad tras el bombardeo. Ella corría de nuevo sobre fondo gris callado. Sin piernas, sin brazos, etérea, difusa...
Tras varios días de ruinas, de soledad, decidió pasar el testigo...quiso que otros vieran aquello que tanto le atormentaba. Volvió la mirada a su alrededor y mostró a todos nuestros lugares abandonados, nuestros recuerdos de la desgracia: Pripyat, Pompeya, el campo de exterminio en Auschwitz, el solitario desierto de minas en Sahara occidental...
Sus sueños le advertían de un nuevo paisaje, de la herencia que dejamos, de aquello que podrán estudiar sobre nosotros los arqueólogos que vendrán luego.
Ella seguirá con sus ruinas, les hará un homenaje cada noche. Aquellas ruinas que ya deberían ser símbolo.

sábado, 26 de junio de 2010

ALINA.


“Ernestito miraba como la señora Gloria bailaba salsa con sus alumnos a través de la ventana. La señora Gloria tendría unos treinta años y era una mulata guapa y resuelta. Cubana de nacimiento cómo él y Española desde que se casó hacía unos tres años. Su marido un escritor sin mucho éxito estaba enamorado de la Habana y también de su mulatita como él la llamaba cariñosamente. Tenían un bebé de unos tres meses que lloraba mucho y sólo se calmaba al son de Benni Moré.

Ernestito era el mediano de cinco hermanos. Su familia salió de Cuba con otros fines. Su papá era diplomático en España. Su mamá seguía en Cuba trabajando. El vino acompañando a su padre a los siete años. Ahora tenía nueve.

La hermana mayor de Ernestito se llamaba Alina. Alina se fue de casa sin que nadie supiera porqué con trece años. Desde entonces su mamá se centró en su trabajo y su Papá se dedicó a buscarla por medio mundo. Barbarita la segunda, era una chica muy guapa que con veinte años recién cumplidos ya había rodado dos películas en La Habana. Tras él estaban, Eduardo, que tenía ocho años y era muy inteligente y la pequeña Julia.

Los tres hermanos menores vivían en España con el padre. Su papá vivía preocupado por el paradero de Alina cuando ya se cumplían diez años de su ausencia. Apenas prestaba atención a sus demás hijos. Y Ernestito pasaba el día mirando a través de las ventanas controlando lo que hacían los vecinos. Sobretodo su vecina compatriota esposa del escritor.

El día que la pequeña Julia se escapó de casa con la intención de volver a Cuba nadando algo cambió en la familia de Ernestito. Ese día descubrió que él siempre supo donde estaba Alina.
Estando aún en Cuba el niño había encontrado una carta, pero aún no sabía leer así que la guardó en su casa de la Habana. Al contarle esto a su papá, este no le creyó, sino que más bien pensó que eran las mismas nostalgias que acompañaban a la pequeña de la casa, las que habían hecho que el niño se inventase aquella historia. De todas formas llamó a Cuba y le pidió a su esposa que buscara donde el niño había dicho. La mamá encontró un papel bien doblado y lo abrió. Encontró una carta que efectivamente era de Alina donde explicaba que se había ido a Santiago a bailar y que volvería cuando se cansase del son de los negros santiagueños. El padre pese a creer que eso no era una pista fiable, salió corriendo hacia el aeropuerto y tomó un avión hacía Santiago de Cuba.

Sus pequeños le acompañaron. Al llegar buscaron entre la gente. Buscaron sin cesar hasta que estaban agotados. Entonces fueron a dormir a casa de un compañero del padre,
Esa noche Ernestito no pudo dormir. Resonaba en su cabeza una melodía incesante de carácter afro-cubano y después de que amaneciera salió en busca de su hermana, aunque no estaba sólo le acompañaba su melodía. Iba cantando, iba feliz, y fue entonces cuando descubrió un grupo de jóvenes bailando en una plaza, en medio de todos ellos una chica de cabellos oscuros y ojos azules bailaba, acompañada por una niña con pantalones cortos y camisa azul.”

Para la verdadera Alina y sus ojos de mar que narran historias.

sábado, 13 de marzo de 2010

Parque verde, grande y lleno de recuerdos.


Lo había conseguido, ella lo había conseguido. Viajar en el tiempo no le supuso más que un viaje en metro. Y ahora permanecía asustada, al salir por esa boca que le vomitaba, que le obligaba a enfrentarse con sus miedos.
Se sentó y sintió que usurpaba aquel lugar…
Era un parque verde, grande y lleno de recuerdos. Le estaba mirando, le observaba pero no decía nada. Ella le animó a emitir un juicio, sin embargo aquellos árboles preferían jugar a que no la recordaban. Es como los niños pequeños que si pasas un tiempo sin verlos se vengan de ti fingiendo que no te conocen.
Se consideró a sí misma una insensata, menuda loca, ¿creía que viajar al pasado iba a resultar tan fácil como seguir adelante?
Su parque, su verde, grande y lleno de recuerdos…Su parque ya no le reconocía, o quizás sólo tuviese miedo, un miedo que le impedía relajarse mientras ella buscaba la reconciliación entre los árboles. Su parque no creía que ella fuese a volver. Y ella no sabía si sería capaz de volver a hacerlo.
Se metió de nuevo en la boca que hacía un par de horas le vomitaba…le absorbió y nunca más se supo.

domingo, 24 de enero de 2010

Una cuestión patológica.


“Voy a matarle” sonaba fuerte, rotundo tras el teléfono. No era su voz, eran esas voces que elevaban el concepto de manía a una cuestión patológica.
¡Que daño causa el sadismo! ¡Que dolor para aquellos que son buenos!
Seria una matanza donde quedaría sola. Ella que nunca fue de nadie y sin embargo siempre creyó que todos le pertenecían.
Se preguntaba de nuevo si seria patológico. Temía que fuese una pandemia extendida por todo el planeta. ¿Cuándo comenzó a sentirse culpable? ¿Cuándo dejara de tener miedo? ¿Matara o será un suicidio?
Eran esas voces que elevaban el concepto de manía a una cuestión patológica.

domingo, 27 de diciembre de 2009

La felicidad es una isla en medio del valle de lágrimas.


¿El baila sin música? ¿O quizás baila con mi música y ni si quiera lo sabe?
Todos llevan mi ritmo y parecen felices.

Lo que mejor resulta es un día horrible, cansado, detestable para que todo resulte inspirador...Digo adiós al camión de la basura y me parece la más épica de las despedidas...

Así no terminaré el cigarro en la vida.

Hoy quiero hablar de lo bello, paradójico o no.

¡Qué confensión me estoy montando! Quizás porque hoy presencié misa...

Me encanta Silvio Rodríguez.

¡Me olvidé del cigarro! Voy a ver que cuenta.

Hoy paso de la familia, de la religión, de la política, hoy amo a todos, hoy quiero todo, me alejo de mis filisofías...


¿Seguirá hablando la ventana?

Aparece la policía y es incapaz de agredir a mi estado anárquico...quizás es porque como alguien dijo una vez...no se puede someter a la obediencia a quien no busca mandar...

Estoy loca y helada.

Ya no hay cigarro. Se acabó la música.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Provocación.

No consigo soltar las lágrimas que se están guardando bruscamente en las bolsas de mis ojos. Todo empezó en las vías del tranvía, cuando me relajaba meter los zapatos de tacón entre ellas. Después venía el frío y tenía que permanecer encerrada en la cueva maloliente donde duermo. Los días de alcohol hacían el resto. En el bar sus parroquianos permanecen pegados a las sillas, a la barra. Quizás no existen más que como decorado. También llegaron los problemas, las soluciones, los bomberos y los incendios provocados. Seguían mis zapatos huyendo con cuidado por las vías de aquel tranvía ridículo. La cueva, el bar…las mangueras con presión. Y las lágrimas sin salir.
Y apareció el sexo…y servía…y relajaba y era feliz. Sin embargo empecé a sentirme mal…aquello no era bueno, debía evitarlo. Podría acabar podrida. Necesito no excederme, necesito lo mediano. Necesito llorar. Aparece otro fuego…se descontrola, necesitamos más equipo, más medios…no encuentro las mangueras…sólo veo un tacón pegado a una vía y a un tranvía que viene hacia mí sin detenerse.
Esto bien podría ser una carta de suicidio, mas sólo es una provocación al llanto, a mi llanto.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Una hoja de papel vacía.


Una hoja de papel vacía. Si, una hoja de papel vacía. Una ventana tapiada que impide que entre la luz. Amanda leía su libro y soñaba con ser un vampiro. Amanda estaba equivocada, la vida eterna siempre fue una maldición. ¿Quién desea ser eternamente joven? ¿Quién envidia a Caín?... Amanda quiere ser actriz en una comedia romántica. Pero vuelve a equivocarse…Amanda no es la realidad que busca sino la irrealidad que encuentra. Amanda es un vampiro enamorado. Amanda sonríe a todos, Amanda es una demócrata, no hace distinciones…¿Amanda se equivoca?
Una hoja de papel vacía. Sí, una hoja de papel vacía. Un embalse sin agua que no sirve para nada.

lunes, 31 de agosto de 2009

La búsqueda.


-¿Qué haces?-
- Estoy buscando.-
- ¿Y qué buscas?-
- No lo sé. -
- Buscas, quizás...¿un objeto?-
- No. -
- Puede que...¿a una persona?-
- Tampoco.-
- ¿Buscas una idea?-
- No. Lo que busco no está en la cabeza-
- ¿Un sentimiento entonces?-
- No creo. Lo que busco no está definido.-
- No sabes lo que buscas...¿Cómo sabrás entonces que lo has encontrado?
- Tengo una sensación, una intuición.-
- No puedes encontrar una intuición.-
- Debo encontrarla, en ella está la verdad.-

Y siguió adelante a oscuras y por un camino desconocido. Su viaje había comenzado.

(Fue entonces cuando se abrió la puerta y el aire dió su mensaje).

sábado, 25 de julio de 2009

Los latidos.


Los días en prisión eran eternos. Sin embargo sabía que se merecía estar allí. El asesinato había sido brutal hasta para él. Matar no había resultado como imaginaba y la pena ya se concretó incluso antes de que la policía se personara en su casa.
Quería salir de allí. Le agobiaba todo. El olor, el color de las paredes, la pequeña cama y su manta, todo era horrible. Le parecía tan neutro que no llegó a considerarlo castigo sino un juicio interminable.
La libertad aparecía tras los barrotes de la celda y le amenazaba, si salía volvería a delinquir, porque la libertad era su delito.
Libertad era una palabra que le venía grande, a él que tantas veces blasfemó. La cárcel era el consuelo, pese a ello no era feliz.
Sólo sería feliz si volvía a matar. Eso le asustaba pero su corazón latía fuerte con la llegada incesante de la idea a su cabeza. El corazón se lo pedía con fuerza aunque sabía que un nuevo crimen equivaldría a una nueva cárcel.
Desde que conoció el ciclo lo temió tanto que llegó a agradarle la idea de repetir una y otra vez los mismos esquemas que siempre le conducían a error. El miedo a autodestruirse era menor que el placer que le daba caer una y otra vez en la tentación.
Lo que tienta está para eso, para caer en sus redes. El pecado para pecar. Y él para matar una y otra vez y volver a entrar en prisión.
La cárcel, su cárcel le sirve como lugar apacible a la espera de que el pecado vuelva a llamar a su puerta. ¿Seguirá esperando o aprovechará la condicional para acabar en una nueva cárcel?

martes, 7 de julio de 2009

Ella.


Su corazón permanecía parado desde hacía unos minutos, discutir con una pareja en algunos casos es casi una costumbre, pero discutir con un amigo es siempre doloroso. Los amigos perdonan más, son más empáticos y juzgan menos. Así que su corazón sólo volvería a latir cuando pudiera sacar una sonrisa de su amigo. Sentía algo que abrasaba su interior, una angustia entre sus pechos que subía débilmente por la garganta, no le salían las palabras, no sabía que decir, no quería enfrentarse, no creía que existiesen motivos, pero su carácter a veces era incontrolable y violento. Conocía bien sus debilidades y sabía con certeza que esta vez ella no llevaba la razón, aunque todo fuese fruto de fuertes sentimientos. El debate entre la razón y los sentimientos. Viejo y aún así irreconciliable. Ella estaba acostumbrada a soportar esa lucha en su interior. Siempre intentando buscar argumentos, atender sólo a lo explicado y sin embargo, ella tan visceral, tan pasional, tan impulsiva. Se creía loca, y argumentaba su locura. Se creía cuerda ,y sentía su cordura. Jugaba con los pájaros de su cabeza mientras posaba con fuerza sus pies en la tierra. Ella terrenal y celestial, ella que amaba a un amigo amante.