sábado, 15 de agosto de 2015

Cosas que me dijeron (y confundieron) sobre el amor.




De pequeña me contaban muchos cuentos, en ellos un príncipe tenía que vivir una auténtica odisea, viajar por miles de lugares y correr graves peligros hasta llegar a un castillo. En ese castillo había una torre y en la torre una princesa. La princesa había esperado en soledad la llegada de aquel príncipe. En ocasiones el príncipe para rematar la jugada debía matar algún dragón que tenía secuestrada a la princesa, a veces no había siquiera dragón. Sin explicar muy bien porqué la princesa estaba encerrada (con o sin dragón) llegábamos al "hermoso" final donde el príncipe como premio a sus heroicidades y la princesa como premio a su soledad y espera se recibían el uno al otro. Y eso era el amor.

Después recuerdo conversaciones con mis amigas, recuerdo a una de ellas que decía aquello de que "los hombres se divertían con algunas pero que a la hora de la verdad estarían con quien no estuviese tan usada". Ya entonces me pareció una absoluta gilipollez, pero pensándolo bien sólo me contaba una vez más el cuento de la princesa, la espera y la soledad que te darán el premio.

Entonces empecé a plantearme si el amor debía ser un premio o quizás era otra cosa... y me enamoré. Me he enamorado más de una vez y me he sentido muy feliz pero lo cierto es que nunca me he sentido premiada. Menos aún premiada por mi soledad y espera... He intentado vivir en esos mundos donde ocurren las heroicidades y me lo he pasado muy bien. Si había príncipes de paso (de esos que sólo van hacia el castillo) los miraba con pena y los dejaba pasar. Para mí el amor no era un premio, era un acto espontáneo de magia y comunión. Un acto entre personas y no entre personajes ficticios.

Pero también vi películas y series de TV... Recuerdo una vez que en una famosa serie una de sus protagonistas (que acostumbraba a las heroicidades más que a ser princesa) estaba enferma y no había nadie para cuidarla. Entonces la protagonista de la serie con su estridente voz en off (sí, a esa voz le gustaban los zapatos) te decía que en ese momento ese personaje se planteó qué hacía con su vida y aceptó con ello la propuesta de uno de esos príncipes de castillo. Era hermoso, no debías esperar, a veces esos príncipes también redimían a princesas descarriadas cansadas de otro tipo de soledad, la soledad del guerrero. Pero entonces no había premio, más bien bondad, se habían apiadado de ti. Era algo así como la explicación al dragón... Lo que te alejaba del príncipe había muerto. Él lo había matado y ya estabas en deuda.

El amor era un premio o el amor era una deuda esas eran las opciones. Y sin embargo yo había amado sin contemplar ninguna de estas posibilidades. ¿Sería que lo mío no era amor?

También había leído filosofía, me habían dicho que habíamos sido cortados en dos, que debía buscar mi media naranja. Qué yo no estaba completa... Hasta el DRAE apoya esta postura, aunque también dice que el amor es: "Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear."

Eso sí me sonaba más... Pero claro no había héroes, ni princesas, ni dragones, ni premios... Además había actividad, ganas de crear, de comunicar, iba hacia adelante. El amor era el inicio de algo no una finalidad. 

¿Será entonces que todo eso que me habían contado no era amor sino un simple cuento de hadas?







viernes, 7 de agosto de 2015

Sumas




Antes de llegar al 28 debo cruzar la esquina, mirar entre los edificios y ver qué dejé a mi paso. Antes de llegar al 28 debo mirar dentro de mí, ver lo que está roto y rellenar los huecos de dorado para que jamás se me olviden esas cicatrices, para poder verlas en la noche y saber que fue y que ya no es más que un recuerdo. Debo ver también lo que está fecundado, lo que pronto dará frutos y quedar en paz sabiendo que todo marcha como debe. Antes de llegar al 28 debo mirar a mi alrededor, ver los edificios y mirar a sus ventanas, inventar qué vidas están en juego corriendo paralelas mientras yo camino hacia adelante. Pero sobre todo no debo olvidar que es un invento y que yo sólo controlo (y a medias) mi camino recorrido y lo que tenga que llegar. Antes de llegar al 28 debía escribir unas letras porque cada nueva etapa merece su propio prólogo. 

 Antes de dejar el 27 escribiré un epílogo y recordaré unas risas, pocas lágrimas, algún viaje… Recodaré a personas que me acompañaron, me miraré frente al espejo y comprobaré como va quedando marcada mi cara, como escribo un poema metafísico en cada uno de mis rasgos. ¿Qué me cuentan? ¿Qué pretenden contar al mundo? Antes de dejar el 27 debo recordar que no soy estrella del rock, qué aún no aprendí a tocar la guitarra, que quizás este número no tiene simbología para mí. O quizás que todos andamos reinterpretando los mitos cada día y que yo no iba a ser excepción. Como cada año sigo por esta calle repleta de números donde las distancias no se miden en manzanas, donde las distancias no se miden, donde las distancias sólo son. Buscando explicaciones, emociones…Sumándome.

Ya casi llego al 28 y con curiosidad espero para poder ver qué nuevas historias tiene para crearme.