lunes, 21 de julio de 2014

Aquel día y todos los demás.



Yo he hecho danzar a la luna, creciente, decreciente y mentirosa. Mi necesidad la vuelve grande, pequeña, brillante. Cambiante y bailarina. Llena y nueva. Cada noche cuando salgo con ninguna que siempre es la mejor gala, no logro saber si me siento igual y en comunión o soy  el cordero de un sacrificio. Mi necesidad, la búsqueda de lo puro, de lo elevado…hace bailar a la luna tantas veces que con eso parecía que tenía suficiente.

Hasta aquel día…y lo contaré como pasó:

Un día yo fui la luna, creciente, decreciente y mentirosa. Me convertí en ella y puse mi mejor cara. Desnuda ante todas las estrellas como reina indiscutible del firmamento. Los terrícolas se volvían locos por mí, me admiraban desde abajo…Pero yo…sólo buscaba a selenitas de los que viven en las nubes. Y esos siempre se esconden muy bien. Y sólo vienen de vez en cuando, cuando ellos quieren, sin invocaciones pero con rituales.

Desde entonces sólo quiero volver a ser luna y hacerle bailar desde dentro. Sin invocaciones, como ritual. 


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